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Nutrición y ejercicio, el binomio para revertir la fragilidad

La Joint Actions Advantage, iniciativa de la Unión Europea para promover una vejez sin discapacidad, define la fragilidad como un estado de extrema vulnerabilidad de los ancianos a factores estresantes endógenos y exógenos que los exponen a un mayor riesgo de presentar resultados negativos relacionados con su salud, generalmente debido a la interacción entre el declinar progresivo de los sistemas fisiológicos propios del envejecimiento y algunas enfermedades y afecciones crónicas.

Según los datos de la Encuesta de Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (Share Project), la prevalencia de la fragilidad entre las personas mayores que viven en la comunidad es del 10 por ciento (44 por ciento en el caso de la prefragilidad), una cifra que se dispara a entre el 35 y el 50 por ciento en el caso de los mayores de 85 años, y hasta el 60 por ciento en el ámbito clínico, según los datos preliminares del estudio Fairclinic.

Y estas cifras de prevalencia son preocupantes, porque como argumenta Pedro Abizanda, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital de Albacete, la fragilidad multiplica por dos el riesgo de fallecer y de padecer una discapacidad, por cinco el riesgo de ir a una residencia, y en un 30 por ciento el riesgo de hospitalización, de caídas, de fracturas, de deterioro cognitivo y mala calidad de vida. Además, según los resultados del estudio Fradea (Fragilidad y Dependencia en Albacete), la fragilidad multiplica también por dos el gasto sanitario en atención hospitalaria. Un incremento que se puede multiplicar hasta por cinco, como han demostrado diversos estudios internacionales, “cuando a esto se le añaden los costes en atención primaria, los costes de los fármacos y los costes indirectos”.

El peso del diagnóstico

El fenotipo clínico del paciente frágil pasa por la baja velocidad de marcha, la baja fuerza, la baja actividad física, el cansancio y la pérdida de peso. Factores que deben tener en cuenta los especialistas médicos para detectar la fragilidad de forma precoz y poder intervenir sobre ella, ya que, como afirma Rosa López, coordinadora del Grupo de Trabajo de Alimentación y Nutrición de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), ésta es “potencialmente reversible”.

En ese sentido, para Abizanda el ámbito principal de identificación de estos pacientes debe ser la atención primaria, por lo que el papel de ésta adquiere una “tremenda importancia” en la detección precoz y la prevención de la fragilidad.
Para esa detección, añade Abizanda, ya se dispone de herramientas consensuadas y validadas e incluso “ya hay países como Reino Unido y Canadá que están haciendo esta detección precoz de forma sistemática, como un elemento de riesgo más sumado a los que ya conocemos (HTA, diabetes, cáncer…)”.

De hecho, informa, existen estudios en personas mayores que demuestran que ser frágil y tener una velocidad de marcha baja causa más riesgos que ser hipertenso. “¿Cuántas tomas de tensión arterial se les hacen a los mayores en AP a lo largo del año y cuántas veces se les mide la velocidad de marcha y la fragilidad?”, se pregunta.

Ante la fragilidad, nutrición

Para revertir la fragilidad, considerada ya por su frecuencia, según Rosa López, como “uno de los gigantes de la geriatría”, hay tres intervenciones que se han demostrado eficaces hasta la fecha: la nutrición, la actividad física y el control de la polifarmacia.

Riesgos asociados a la fragilidad

  • Uno de cada 10 mayores de 65 años son frágiles
  • El anciano frágil multiplica por 2 el riesgo de fallecer
  • También multiplica por 2 el riesgo de discapacidad
  • El riesgo de ser ingresado en una residencia se multiplica por 5 en estas personas
  • En el anciano frágil se incrementa un 30% el riesgo de hospitalización, caídas, fracturas y deterioro cognitivo

 

“La nutrición está claramente descrita como elemento clave en el manejo de la fragilidad”, afirma Abizanda, que considera que, una vez detectada la malnutrición en relación con la fragilidad, el objetivo es “intentar que el paciente lleve una dieta correcta”, algo que, según López, “en muchísimos casos implica de forma imprescindible la utilización de suplementos calóricos-proteicos, porque sin este tipo de intervención no se consigue revertir la fragilidad”.

La utilización de estos suplementos se debe llevar a cabo, no obstante, según el jefe del Servicio de Geriatría del Hospital de Albacete, de forma “muy especializada”, ya que hay que adaptar “al máximo” el tipo de nutrición y el tipo de suplementación a cada perfil de paciente. “El abordaje de la malnutrición en el anciano es muy complejo, porque influyen muchas cosas: problemas relacionados con la fisiología propia del envejecimiento, las enfermedades que tienen, los medicamentos que toman, los problemas dentales, la pérdida del sabor, problemas de enlentecimiento del vaciado gástrico…”, enumera.

Los suplementos, en todo caso, ofrecen a los pacientes con fragilidad dietas con alto contenido proteico, alto contenido en vitamina D y además también aportan nutrientes antioxidantes, algunos aminoácidos esenciales específicos que favorecen la síntesis muscular, y ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. “Todo esto lo que hace al final es mejorar la síntesis proteica y reforzar el músculo, lo que previene e incluso revierte el estado de fragilidad”, afirma Abizanda.

La vitamina D que contienen los suplementos resulta de gran importancia, ya que, como informa la portavoz de la SEGG, se ha comprobado que muchas personas con fragilidad “tienen niveles bajísimos de vitamina D y mientras no se suplemente su dieta con esta vitamina es difícil corregir la fragilidad”. No en vano, como añade Abizanda, los niveles adecuados de vitamina D “son básicos para una buena salud ósea, pero también para una buena salud muscular, que es la base para revertir la fragilidad”.

…y actividad física

En un “binomio inseparable con la nutrición”, el ejercicio físico es a día de hoy “la piedra angular en el manejo y la prevención de la fragilidad, ya que es la intervención que provoca mayor beneficio”, explica el especialista del Hospital de Albacete.

Pero no hablamos de un ejercicio físico cualquiera, ya que en el caso de un anciano frágil, actividades como caminar no son suficientes para promover la síntesis de músculo y para conseguir una activación neuromuscular.

En ese sentido, explica que lo recomendable para conseguir un beneficio clínico es hacer ejercicios más intensos, de intensidad moderada-alta: “Los ejercicios que han demostrado mayor efecto en los ancianos frágiles son los que se conocen como ejercicios multicomponente, que llevan al principio y al final estiramientos, luego un pequeño componente aeróbico y de equilibrio, pero fundamentalmente el núcleo del programa está compuesto por ejercicios de fuerza y potencia muscular”.

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